Llego a las doce y cuarenta a mi oficina de des-empleo. Pulso letra A (información, prestaciones), hora estimada de atención, trece cincuenta. Una nube negra se acerca, en menos de un minuto comienza la lluvia. Aunque hace bastante calor en la calle, nos aglomeramos en el interior de la oficina unas treinta personas, como si algo allí fuese a ocurrir. Hasta la persona encargada de Seguridad (Seguridad Integral Madrileña), con porra, móvil y esposas como accesorios de su cinturón abandona su puesto y comienza a caminar entre nosotros/as. Sé de antemano que mi espera servirá de poco. Mientras, a algunas personas bien sudadas les informan que tienen que trabajar además seis años en España, “tiene que trabajar un poco más”, o que tienen que traer sus papeles de Rumanía que acrediten su cotización allí, o que tendrán que regresar mañana a coger número a eso de las seis para la letra B de tramitación y prestaciones.
Hoy ha sido un día especial, la ayuda para preceptores que hayan agotado la prestación a partir del uno de agosto daba comienzo.
Llega mi turno. Con solo responder negativamente a tres cuestiones quedo excluida del subsidio por desempleo, ni hijos, ni marido, ni personas a mi cargo. Por otros tantos días como número de respuestas, no cuento con la ayuda de Corbacho.
La oficina cierra. La lluvia ha cesado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario